Los Patronos del convento de Praga

En 1604 se les dejó a los Hermanos Menores el convento desmantelado de Santa María de las Nieves en Praga. Haciendo memoria de la invitación del Crucifijo de San Damián a Francisco – «vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo» (2C 10) – reedificaron inmediatamente convento e iglesia. No se limitaron, sin embargo, a esto. Con la predicación de la Palabra y, sobre todo, con el testimonio de su vida, al ejemplo del Poverello, continuaron su misión, poniéndose al servicio de la fe del pueblo de Dios y de los que estaban en contra de la fe católica hasta donar sus vidas el 15 de febrero de 1611.

Son muchos los aspectos del testimonio de estos «beatos mártires», como inmediatamente fueron definidos, sobre los cuales podemos reflexionar hoy. Me gustaría resaltar uno para nuestra Fraternidad universal, como ya lo han hecho los Obispos de la Iglesia de Dios que en la República Checa, en la carta que vendrá leída en la Misa dominical del 30 de septiembre de 2012. Se trata, a saber, del hecho de que los 14 mártires OFM formaban una verdadera Fraternidad internacional por las distintas modulaciones del carisma franciscano – 4 hermanos sacerdotes (Fr. Federico Bachstein, Fr. Giovanni Martínez, Fr. Bartolomeo Dalmasono, Fr. Simone); 4 hermanos laicos (Fr. Cristoforo Zelt, Fr. Giovanni Didak, Fr. Emanuel, Fr. Giovanni Bodeo); 1 hermano diácono (Fr. Girolamo dei Conti Arese); 1 hermano subdiácono (Fr. Gaspare Bodeo); 2 hermanos de votos temporales (Fr. Giacomo y Fr. Clemente); 2 hermanos novicios (Fr. Giovanni y Fr. Antonio) – y por los distintos países de los que proceden (4 bohemios, 4 italianos, 3 alemanes, 1 español, 1 francés y 1 holandés).

Este es uno de los testimonios que, sobre todo hoy, nuestras fraternidades internacionales pueden ofrecer a los pueblos de Europa, y no sólo eso, siempre en equilibrio entre la solidaridad y búsqueda de los propios intereses, entre el deseo de ser “casa común” y erección de nuevos “muros”: un nuevo “esquema” de sociedad, fundamentado en la dignidad de la persona y en la valoración de las “riquezas” de todos. Se trata de una exhortación a recordar siempre la invitación de san Francisco «¡por eso Dios me envió al mundo!». Nos ha enviado como hermanos, para ser hermanos de todos y para decirles a todos: vosotros sois hermanos. Dar testimonio de fraternidad es el primero y el más legible anuncio del Evangelio. No, las fraternidades universales no son una idea peregrina o descabellada. Se reedifican en la “huella antigua”, en la Fraternidad itinerante de Francisco, ¡en la Fraternidad internacional de los 14 mártires de Praga!

Roma, 24 de septiembre de 2012
Br. José Rodríguez Carballo, OFM
Ministro general OFM